martes, 2 de agosto de 2011

Puntos suspensivos.


Hace tiempo que me he dado cuenta de que a un hombre le conocen por muchos nombres.
A mi me conocen como “Javi”, hay quien me conoce como “Vela”, hay quien me conoce como “amigo”. Pero también hay quien me conoce como “hijo”, incluso a veces, no muy a menudo, hay quien me conoce como “cariño”.
Pero el nombre no es lo que te hace ser hombre, no es tu nombre, ni es tu color de piel, ni es tu edad, ni es tu tendencia sexual, ni es tu coche, ni es la ropa que te pones…
Lo que te hace ser un hombre es como te comportes.
Nos gusta deslumbrarnos con los grandes aspectos de la vida, pero mientras los “grandes” políticos siguen aclamando justicia infinita, pues siguen habiendo atascos en la carretera, y yo sigo teniendo movidas por tonterías.
No, no creo que existan las grandes respuestas para las grandes preguntas, pero si creo que existen pequeñas respuestas para pequeñas preguntas que nos acercan a conocer un poquito mejor la naturaleza de esas grandes preguntas.
Hay días en los que te levantas y piensas: “Oye, pues no todo va a ser una mierda, Cupido no ha podido gastar todas sus flechas disparando sólo a los guapos.”
Es cierto que te vas a encontrar cerradas muchas puertas, pero una puerta cerrada al fin y al cabo es una puerta que espera para ser abierta, ¿Cómo? pues aunque parezca una tontería, la gran mayoría de las puertas se abren solo levantando la mano y girando el pomo.
El miedo a lo desconocido va a ser probablemente la piedra más grande que jamás encontremos en nuestro camino, pero yo tengo una teoría, y es que una piedra por muy grande que sea no puede tener inteligencia. Así que si no soy capaz de vencer una piedra, entonces si que tengo un problema.
A un hombre se le conoce por muchos nombres, a mi me conocen como “Javi”, pero al final me gustaría que me conocieran por eso, por haber sido un buen hombre.